Hay momentos en la historia donde el destino de una industria entera descansa sobre los hombros de un solo individuo, aunque el mundo no lo sepa en ese instante. Esta es una de esas historias. El pasado 25 de diciembre de 2025, mientras el mundo celebraba, se apagó una de las luces más brillantes y visionarias del entretenimiento digital: David M. Rosen nos dejó a los 95 años.
Para muchos, su nombre quizás no resuene con la misma fuerza mediática que Shigeru Miyamoto o Hideo Kojima, pero sin David Rosen, tu infancia, tus tardes frente al televisor y la estructura misma del mercado global de videojuegos serían irreconocibles. Él no solo fundó una empresa; fundó una cultura.
Esta es la crónica detallada del hombre que, con audacia y visión, tendió un puente de oro indestructible entre las calles de Brooklyn y los neones de Tokio.
I. El Origen: De Brooklyn al Renacer Japonés
La historia comienza lejos de los circuitos y los chips. David Rosen nació en el Brooklyn de 1930, hijo de Fay y Samuel Rosen. Creció en un entorno que valoraba el trabajo duro, pero su verdadero destino se selló en 1948, cuando, con apenas 18 años, se alistó en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Este movimiento, aparentemente rutinario para muchos jóvenes de la época, lo catapultó al otro lado del mundo durante la Guerra de Corea, estacionándolo finalmente en Japón.
Lo que Rosen encontró al llegar no fue solo un país derrotado por la guerra, sino una nación en plena ebullición, desesperada por reconstruirse y modernizarse. Mientras otros soldados veían ruinas, Rosen vio potencial puro. Observó en el pueblo japonés una resiliencia inquebrantable y, sobre todo, un hambre voraz por el entretenimiento y la cultura occidental.
Tras finalizar su servicio, tomó una decisión que definiría su vida: quedarse. En 1954, con solo 24 años y una visión empresarial que desafiaba su juventud, fundó Rosen Enterprises. Su primer gran acierto no fueron los videojuegos, sino la fotografía. Japón necesitaba documentos de identidad para su reconstrucción administrativa, y Rosen introdujo las cabinas de fotos instantáneas "Photorama". Estas máquinas, que costaban una fracción de lo que cobraban los estudios tradicionales y entregaban resultados en minutos, fueron un éxito rotundo. Cientos de estas cabinas inundaron el país, dándole a Rosen no solo un capital considerable, sino una red logística y de contactos invaluable.
La Fusión que Creó la Leyenda
Pero Rosen no se detuvo ahí. En 1957, detectó otra necesidad: el ocio. Comenzó a importar máquinas de juegos electromecánicas (coin-op) desde Chicago, el corazón industrial de los arcades en EE.UU. Para 1965, su empresa era tan dominante que llamó la atención de otro jugador en el tablero: Nihon Goraku Bussan, también conocida como Service Games (fundada originalmente para proveer entretenimiento a las bases militares).
Rosen orquestó una fusión histórica entre ambas compañías. Se convirtió en el CEO de la nueva entidad y decidió renombrarla usando las dos primeras letras de las palabras "Service" y "Games". Así, en un despacho de Tokio, nació una marca que se convertiría en sinónimo de velocidad y actitud: SEGA.
II. La Revolución del Arcade: Periscopios y Monedas
Bajo el mando de Rosen, SEGA no se conformó con importar; empezó a innovar. En 1966, lanzaron un juego que cambiaría la economía de los salones recreativos para siempre: Periscope.
Este simulador de submarinos electromecánico era una bestia tecnológica para su época. Utilizaba efectos de luz y sonido realistas para simular el torpedeo de barcos enemigos. Pero su impacto fue más allá de la jugabilidad: debido a su alto costo de fabricación y exportación, Rosen tomó una decisión arriesgada. Estableció el precio de la partida en 25 centavos (un cuarto de dólar), rompiendo el estándar de 10 centavos que imperaba entonces.
Muchos pensaron que fracasaría, que los niños no pagarían tanto. Se equivocaron. Periscope fue un éxito masivo a nivel mundial, demostrando que los jugadores estaban dispuestos a pagar más por una experiencia "premium". Este movimiento cimentó la base financiera de la industria arcade moderna. SEGA se convirtió en una fábrica de sueños electromecánicos y, posteriormente, digitales:
- Monaco GP (1979): Antes de OutRun, este juego definió la obsesión de SEGA por la velocidad y la simulación de conducción, utilizando circuitos lógicos complejos antes de la era de los microprocesadores masivos.
- Zaxxon (1982): Fue la primera gran experiencia en perspectiva isométrica, ofreciendo una profundidad visual que dejaba boquiabiertos a los jugadores acostumbrados a los gráficos planos.
- Frogger (1981): Un clásico atemporal desarrollado por Konami pero distribuido y popularizado mundialmente por la maquinaria de SEGA/Gremlin.
A finales de los 60, Rosen vendió SEGA al conglomerado Gulf+Western, pero se mantuvo como CEO, guiando a la compañía a través de la edad de oro de los arcades. Sin embargo, cuando el mercado del arcade comenzó a mostrar signos de saturación y colapsó parcialmente a principios de los 80, Rosen, con su olfato intacto, supo que el campo de batalla estaba a punto de cambiar. El futuro ya no estaba en los centros comerciales, sino en el salón de casa.
III. La Guerra de Consolas: David contra Goliat
Tras el crash de los videojuegos de 1983, Gulf+Western quiso deshacerse de sus activos de videojuegos. Rosen, demostrando una fe inquebrantable en la empresa que fundó, se unió al empresario japonés Hayao Nakayama para comprar los activos de SEGA por 38 millones de dólares en 1984. Fue, posiblemente, la mejor inversión de su vida.
Con Rosen dirigiendo Sega of America y Nakayama en Japón, se prepararon para desafiar al monopolio absoluto de Nintendo. La NES dominaba el mundo, pero Rosen sabía que para ganar no podían simplemente copiar a Nintendo; tenían que ser la antítesis de Nintendo. Tenían que ser rebeldes, rápidos y agresivos.
Rosen fue fundamental en la contratación de Tom Kalinske como CEO de Sega of America, y juntos orquestaron una estrategia de marketing que se estudiaría en las escuelas de negocios durante décadas. Decidieron que SEGA sería la opción de los chicos "cool", la consola para los adolescentes que sentían que Mario era para niños.
- Agresividad en Precios: Bajaron el precio de la Genesis (Mega Drive) para hacerla irresistible frente a la SNES.
- El Factor Sonic: Rosen apoyó la decisión de incluir el juego de Sonic the Hedgehog con la consola (reemplazando a Altered Beast), regalando su mejor software para vender el hardware. Fue una jugada maestra que definió la "velocidad" como la identidad de la marca.
- Marketing de Guerrilla: Lanzaron el mítico grito de guerra: "Sega does what Nintendon't" (Sega hace lo que Nintendo no). Atacaron directamente las debilidades técnicas de la competencia con una arrogancia que encantó al público americano.
El resultado fue histórico. Para 1994, SEGA había logrado lo impensable: controlar más del 50% del mercado estadounidense de consolas de 16 bits, destronando temporalmente al gigante de Kioto. David Rosen había llevado a su compañía desde unas cabinas de fotos en Tokio hasta la cima del entretenimiento mundial.
IV. El Retiro y un Legado Inmortal
David Rosen se retiró oficialmente de SEGA en 1996, dejando atrás una compañía que había transformado el panorama cultural global. Pasó sus últimos años en Los Ángeles, dedicándose a la filantropía y disfrutando de la vida junto a su esposa Masako, con quien compartió más de 70 años de matrimonio. Masako no fue solo su compañera de vida, sino una pieza clave en su entendimiento de la cultura japonesa, ayudándole a navegar las complejidades de ser un empresario extranjero en el Japón de la posguerra.
Aunque SEGA dejó de fabricar consolas en 2001, el ADN de Rosen sigue vivo en cada rincón de la industria. Su visión de los videojuegos como un espacio social, su insistencia en la innovación tecnológica y su valentía para desafiar el status quo son lecciones que resuenan hoy más que nunca.
Cada vez que juegas una partida frenética de Sonic, te sumerges en el drama de Yakuza (Like a Dragon) o disfrutas del estilo de Persona, estás interactuando con el legado de Rosen. Él entendió antes que nadie que el juego es un lenguaje universal, capaz de unir a un soldado de Brooklyn y a un ingeniero de Tokio en una misión común: divertir al mundo.
Homenaje a un visionario
"Hoy, en cada salón recreativo que sobrevive como un templo del pasado, en cada consola mini que evoca nuestra infancia y en cada píxel que brilla en la oscuridad, Dave Rosen sigue jugando su partida. No fue solo un hombre de negocios; fue el arquitecto de nuestros sueños más veloces."
Gracias por todo, David. Buen viaje hacia el nivel final.